La catedral, signo de la Civilización Católica

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La catedral, signo de la Civilización  Católica

Por Manuel Gutiérrez

El culto del hombre a Dios, antes de llegar a las Catedrales,  se inicia en la Biblia,  en que el Creador pone reglas sobra las ofrendas, la forma de ofrecerlas,  y en el  Exodo, llega a determinar el uso de materiales oro incluido y medidas precisas en el Arca de la alianza.  Dios manifiesta su deseo de tener una casa entre los hombres, de ahí nace la idea del templo permanente.

Prácticamente el oro, material que sólo sirve como valor de cambio, como moneda,  ofrece como adorno una condición determinada por su pureza, su maleabilidad y sus escases. En la Epifanía, el Niño Jesús recibe oro de los Reyes Magos.

Sin embargo, el dorado metal  ha determinado su uso a la disponibilidad, al desarrollo de las economías y la forma de vida. Curiosamente de África salió más metal que de las explotaciones coloniales de España.

La evolución de la humanidad, dio lugar a que Justiniano, en Santa Sofía superara a Salomón, el rey bíblico del Gran Templo, con el uso de 14 toneladas para honrar al Pantocrator  (Creador de todo). Su Bezante, de 14 quilates, se estableció como una moneda codiciada de gran parte del mundo y causa de su sobrevivencia militar, política y religiosa hasta la Edad Media, con la caída de Constantinopla, una saga tan emocionante como predecible.

Este es el momento en que se determina para el mundo la construcción de Catedrales. Las austeras iglesias románicas, resultan simples y pequeñas, y el avance tecnológico y la situación de las monarquías de ese tiempo, de la vida de la sociedad permiten que las Catedrales se levanten en toda Europa.

Simplemente en Francia, se levantaron ochenta catedrales, incluidas  Chartres, un relicario gótico y otra cuyo nombre lo dice todo, porque simboliza a Francia: Notre Dame. Al mismo tiempo surgían 500 abadías, y diez mil templos parroquiales. Todo un proceso histórico desde la ausencia de Roma Imperial, a la recuperación de formas organizadas y ciudades que comenzaron a descollar hasta nuestros días, caso de París.

Inglaterra también tiene un gran auge, acrecentado por su pasión de la pureza y solides del valor de la moneda (la mesa de Exchange) que da lugar a nuestras Bolsas de Valores. Aún sin una riqueza extraordinaria de oro, Inglaterra aborda el estilo Gótico y otros con mucha suerte, como Canterbury, Ely a las que se sumaría San Pablo.

España, que con Isabel y Fernando, los Reyes Católicos, inauguraban el nuevo imperio de dos mundos, a la brevedad, en cuanto habían consumado en Roncesvalles, la última batalla para poner fin a la hegemonía e invasión árabe, entonces comienzan construcciones que reflejan el poder de sus comunidades, como Catedrales de Santiago de Compostela, Burgos, y Toledo.

Ya vendrían los monarcas como Carlos V y Felipe II, que recibieron el premio de las conversiones religiosas y crearon  modelos de gobierno con la mismas características de España, municipalidad urbana, propiciando un nuevo mestizaje en una escala no antes vista, de regencia de las leyes bajo la observancia real, para los pueblos de Hispanoamérica.

Portugal ese pequeñísimo país, influido por el mismo ideal de navegación,  caballería y evangelización, alcanzó dimensiones territoriales en África y en nuestro continente el coloso Brasil, partiendo de las academias navales de Enrique el Navegante, de la exploración que ensanchó el mundo.

Oro que fluyó a España, y de esta a Europa, porque se usó para fines políticos y religiosos como la contrarreforma y por la nula de producción de manufacturas, se comparaban naipes, con oro y falta de personas preparadas, ya que árabes y judíos, habían sido expulsados.

 Las catedrales, Ken Follet, en su magistral obra Los Pilares de la Tierra, describe el desarrollo de una fe, de una economía, de la política real del momento, de las fuerzas de la Iglesia y plasma el desarrollo que ocupa en ocasiones siglos, para terminar una obra monumental como es una Catedral.

 Conjuntamente nacen universidades, en París, Oxford,  Heildelberg, Bolonia, Salermo, entre otros países, ya que en fenómeno se dio en toda Europa,  y en la divulgación de secretos tecnológicos, para levantar muros más altos, contrapuntear  estructuras agudas, delgadas,  ingrávidas, y hacer surgir con los avances venecianos de la época, también en Inglaterra, los vitrales, narraciones catequísticas, repletas de luz, de color, y una transferencia de levitar de este mundo, al Cielo.

La influencia del sistema católico gremial, punto medular de la relación maestro-aprendiz, en las artesanías y aplicaciones decorativas o arquitectónicas, quedó firmemente asentado con símbolos de los cofrades constructores. Ahí aparecen escudos que son un deleite para los conocedores, porque son sellos de armas, de símbolos religiosos, desde las conchas de los peregrinos en España, a escudos de donantes, o  de eternos moradores de las tumbas.

Ildefonso Falcones, realiza una obra monumental “La Catedral del Mar” al describir  la Catedral de Santa María del Mar, en Barcelona, una estructura literaria similar a Follet.  Coindicen en la grandeza del escenario, del drama y de finalidad de hacer algo perdurable, pero Follet es superior.

 El oro, cuando se puede convertir una onza en pan de oro, alcanza a cubrir 9.5 metros. Cuando se tuvo, se usó  y alcanza a cubrir mucho así que no es tanto lo que recubre las iglesias que lo tienen. (Santo Domingo, Oax. Virgen del Rosario en Puebla, o Capilla de Napoles, Zac.)

Ya vendría el espléndido estilo español barroco, influido por el arte indígena y sus representaciones  en vertical de Dios al hombre, pasando por Cristo, la Virgen  María, y Santos convocados, así como Ángeles, algunos dirán que es un exceso habiendo pobres, asunto que Cristo aclaró en su Evangelio, se trata del culto a Dios, supremo hacedor así que no salgamos con miserias demagógicas.

 La existencia en monedas, lingotes, adornos, dentales –antes- no rebasa 125 mil toneladas sumando Fort Knox y no hay más. Muchas horas, de riesgoso trabajo miles de litros de agua, de uso de productos tóxicos, todo para obtener una onza, actualmente. Hay tesoros esperando por naufragios en el fondo del mar

Por ejemplo las Reliquias, eran un tema muy agudo para el desarrollo de la devoción. Notre Dame, se aseguró que guarda la corona de Cristo, los Clavos y partículas de la Cruz y otros.

La búsqueda de reliquias, la disputa de órdenes religiosas y obispos, ha dado sobre todo en España, episodios muy bien narrados, entre la fe, la ambición, de la posesión de esos huesos u objetos sagrados, disputados,  a veces ocultados por el mismo pueblo, en otras, hallazgos de reales personajes que con su donación, ponían la piedra basal, con la reliquia,  fundamento de cada iglesia, aún  la más humilde.

Una Catedral es sede de un Obispo. Estas no se colocan en cualquier población, son por sí mismas, joyas regionales, de cruces de caminos, de rutas de encuentro marítimas, de zonas estratégicas, por decirlo de algún  modo, y reflejan en sus cupos, en sus dimensiones, las necesidades ceremoniales y de asistencia del pueblo. Repercuten en el trabajo, durante la construcción y después con el culto, con el turismo y servicios.

Los secretos matemáticos de los árabes, obtenidos durante las cruzadas, en guerras y 7 incursiones magnas, que abrieron comercio, fusiones, aventura, riquezas y desdichas para los aventureros europeos, se sumaron para poder levantar las catedrales y ver aplicaciones de oro. Los dinares (oro) con leyendas del Islam fueron aceptados. Las fuentes arábigas abastecieron a Europa.

Reflejo de reyes grandiosos, como San Luis, Rey de Francia, monetarista y a la vez Santo, y aguerrido guerrero, vencedor de Inglaterra, dos veces cruzado, con una vida intensa, no dedicada a la pura contemplación, creador de los hoteles de Dios para enfermos y pobres, un caballero auténtico de la cristiandad, canonizado pese a que castigó a los judíos por usureros dice la fuente Vaticana.

 Federico II de Sicilia, como los reinos italianos, Génova, Florencia, Perugia y Milán, o los ducados venecianos acentuaron la calidad de vida, llegando hasta Asia y África, en la búsqueda de bienes, comercio,  y reflejaron como en San Marcos, el grado de civilización medieval del siglo XIII,  que consumaron esas joyas de piedra que llegan a nuestros días.

Por eso Notre Dame, revivirá no puede terminar. Y sin abundar por el espacio, en los tesoros de arte plástico y escultural, que cada catedral tiene, son espacios, cuyo significado, es umbral entre la Gloria de Dios, y el esplendor terrenal. Son valores, patrimonio de la humanidad y de la historia.

Bibliografía: Peter Bernstein: El Oro. Historia de una obsesión. (Vergara Editores).

Ken Follet: Los Pilares de la Tierra.  Ildefonso Falcones: La Catedral del Mar.

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