Una lección inolvidable de Plácido Domingo

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Una lección inolvidable de Plácido Domingo

Por Manuel Gutiérrez

Cuenta la leyenda que José Carreras, estaba gravemente enfermo de cáncer, este tenor español tenía una severa confrontación con el tenor Plácido Domingo.

José había agotado sus recursos. Al enterarse Plácido en forma anónima envió ayuda necesaria para atender al enfermo, su rival. En esa última lucha, José Carreras ganó y se sobrepuso al cáncer.

De esta manera se reunió la triada de tenores, con el maravilloso Luciano Pavarotti, Plácido y se invitó a Carreras, que en otro momento hubiera rechazado esa idea. Eso lo levantó de nuevo.

Alguna alma comunicativa le contó a Carreras quién había sido su benefactor. La reconciliación vino, y con ella el trío de tenores ganó el escenario mundial.

Esas acciones enmarcan a Plácido Domingo, pero en mi juicio es pecaminoso dejar de escuchar en vivo a un personaje así, además veo su gloriosa manera de llevar la madurez, y pues un concierto con él, no se da en maceta. Si perdí a Bochelli, no puedo dejar de escuchar en vivo a Domingo.

Fui el 3 de marzo al estadio del mismo nombre, con otros 14 mil 999 espectadores. Placido luego de la obertura de Carmen, de una excelente Filarmónica de Jalisco, apareció y se excusó: “Un día malo, terrible con una afección en la garganta, por lo que ofreció disculpas y dijo que de ser solamente él, hubiera pospuesto la fecha, pero tras el telón estaba una veintena de grandes figuras, incluso de clase mundial. Cantaré lo que pueda, si no sacare un pañuelo blanco” dijo.

Con su técnica, comenzó a dar curso al concierto, pero ocurrió que Mijares y Emmanuel salieron pronto y su estilo, hicieron reaccionar al maestro que vio que la noche era en serio, que pronto volverán al Telmex, los hace admirables. Afrontaron el compromiso como si fuera su show exclusivo, los fondos se destinarían a fundaciones Real Madrid y de la Universidad de Guadalajara, para promover el deporte en el continente con los niños para que sean merengues.

Algo tocó la fibra de Plácido. Luego hizo los honores de la estrella tenor Javier Camarena, que un día antes había cantado la ópera La Hija del Regimiento en el Met de Nueva York, nada más y voló para estar ahí. El poderío del joven tenor fue deslumbrante, en tanto Plácido aplicaba toda su sapiencia para matizar su canto, todo un acontecimiento. Plácido, grande a nivel mundial, comprendió una vez más que estaba en un escenario cálido, con gente que lo amaba.

Plácido no escatimó nada de su voz.

Ciertamente hubo momento glorioso al dirigir Plácido la Filarmónica de Jalisco, que pertenece a la batuta del Maestro Jesús Medina Villareal, con sus esforzados virtuosos para que en un metro por cinco de largo bailara el jalisciense Isaac Hernández, con Tamara Rojo. Isaac ahora es superestrella de los grandes Ballets de Europa, hecho aquí. Fino honor.

Plácido tuvo la gracia de ser cómplice en la presentación D Vicio, al que llamó un grupo de rock, que ha hecho su carrera en México. Su gentileza lo llevó a estar siempre agradeciendo cálidamente a Ana Torroja, esa dama de Mecano, que parece que Saturno nada le afecta.

Juanes, en su plan estelar, y el talentoso guitarrista Pablo Sainz-Villegas llevaron al interpretar al compositor Paco Tarrago a un aplauso que el maestro saboreo largamente. El dueto con Domingo fue una antología tienen un disco “Volver” pero el virtuoso español es maravilloso con la guitarra.

La gentileza se desplegó con su hijo, que tal vez tardó en decidir su vocación, pero el amor filial fue incontrastable. Plácido continuó con Cristian Castro, que se acompañó de Andrés Kalamaro, a quien el vuelo de argentina lo resecó un poco. Finalmente, el climático Alejandro Fernández, con un repertorio típico como para conquistar sin esfuerzo con calidad de sobra.

Plácido alterno con la estrella de la música mexicana, exprimiendo su poder, su técnica, su entrega. Vestido de charro, tope en lo que tope, mantuvo intacta su jerarquía, es una figura mundial y por ninguna circunstancia -aunque tal vez no hablara en todos los siguientes días- dejó de ser el Plácido que se va en el alma.

Luego del canto colectivo, de la euforia y del adiós a un concierto que difícilmente podrá ser convocado, observe a Plácido reaccionar a una petición de un espectador cercano: Con su mano, como cuchillo indicó que estaba totalmente afónico, que virtualmente ya no tenía garganta, pero no dejo de atender con sus señas a ese espectador.

Durante la presentación, recordó a Emilo Butrageño, ahí presente.  Luego corrigió sus datos. Curiosamente preguntó cómo se llamaba ahí “Tres de Marzo”, en esa fecha, muchas cábalas, todas en 3 nació en Ibiza 34 en Madrid.

Tal vez ignoraba que un día en 1986 juego España con Marruecos en ese lugar y ganó la furia pese a un portero de goma, Ezaki, como no he visto otro: Cuántas figuras, de talla mundial, puede usted decir que son capaces de hacer, lo que hizo Plácido, en un domingo cualquiera. Eso se llama cuidar la jerarquía, la clase mundial, persona de un alma muy grande.

Qué ejemplo y ahí tuvo a la chica argentina Virginia que ganó Operalia, una futura estrella del bello canto y una debutante tapatía que conjugó talento y belleza, que seguramente volverá al gran escenario, tiene con qué. Yo no tome notas, solo aplaudí.

Impulsar a otros, llevar el arte, comprender el futbol, el toreo, ayudar a los demás, que personaje es Plácido, de él dijo Franco Zefirelli, el cineasta “Es un equilibrado artista dramático que canta”.

 

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