LA FUENTE. Un tequila con refresco de cola

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LA FUENTE

Por: José Carlos Legaspi Íñiguez

Un tequila con refresco de cola

Tardías y poco exculpativas son las disculpas públicas que ofreció el ex procurador de la República, Ignacio Morales Lechuga, al ingeniero Enrique  Dau Flores, por la destitución como alcalde de Guadalajara y luego encarcelamiento en el CERESO.

Desde hace algunos años, cuando Morales Lechuga estaba en la representación mexicana en Francia, reconoció que la culpa del estallido del 22 de abril de 1992, en Guadalajara la había tenido completamente PEMEX.

Reserva del Patrón con hielo

Para nadie es un secreto que la megalomanía de Carlos Salinas de Gortari, a la sazón presidente de la república, obligó a Dau flores, al ingeniero Aristeo Mejía Durán y otros funcionarios del SIAPA, a sufrir cárcel por la negligencia del sector Reforma.

Salinas se regodeó destituyendo, quizá no sea el término legal adecuado, pero en la práctica así lo hizo, a varios gobernadores.

Guillermo Cosío Vidaurri estaba en la mira del enfermizo presidente y el pretexto para separarlo del cargo llegó aquella mañana del miércoles 22 de abril de 1992.

Vino de consagrar para todos

Para Jalisco el impacto político fue evidente. El PRI se convirtió en RIP. Vino la alternancia con el partido de oposición de más arraigo en la entidad, el PAN, y se creyó que “ahora sí”, todas las anomalías, los cochupos, los agandalles y transas de los priistas serían erradicados sólo por la llegada de los que “el pueblo” creía impolutos, casi casi arcángeles del Ejército de Dios.

Pero… ¡oh decepcion! No se terminaron las malas maneras de hacer grilla, que no política, sino que se creó una nueva clase política, ávida de poder, de negocios y dinero merced al erario.

Al PAN llegaron de manera arribista, organismos nefandos de ultraderecha, comandados por Fernando Guzmán Pérez Peláez, César Coll Carabias y todo su vasallaje.

Desplazaron a panistas de cepa con la mano en la cintura. Los neopanistas, pragmáticos, calculadores, buenos para los negocios (la mayoría provenía de un sector de la iniciativa privada) y el rumbo del PAN dejó muy atrás los principios partidistas que se habían constituido en la ideología blanquiazul.

Tequila Rancho Grande con fanta

El primer gobernador panista, Alberto Cárdenas Jiménez, demostró muy pronto su ingenuidad pueblerina y lo coparon las fuerzas neopanistas que aprovecharon la oportunidad para hacer lo mismo que el RIP, pero con la bendición de la representación de la grey católica que mantiene una hegemonía del pensamiento entre las masas locales.

Ya con la venia del sacrosanto regulador del pensamiento masivo jalisquillo, se desenmascararon los mercaderes de la política que llevaron a Jalisco a los sótanos de los medidores de desarrollo a nivel nacional.

Todo se concentró en la grilla para no dejar el poder; no hubo obras trascendentales (a cambiar focos y pintar calles le denominaban “obras”). Se estancaron proyectos como la presa El Zapotillo, las líneas 3 y 4 del Tren Ligero (ni un méndigo riel aumentaron los panistas al susodicho), pero eso sí. No pocos panistas se convirtieron en lenones del transporte público, respetando a la madrota de siempre, la Alianza de Camioneros, con cuyos dirigentes hicieron jugosos negocios como el Macrobús y las llamadas “líneas de lujo”.

Chuy, cámbianos los vasos otra vez

Fue tanto el desmadremagnum que propició la soberbia panista (creían que nuncamente les arrebatarían el poder) que “la gente” dijo un “hasta aquí” y…el RIP resucitó en “nuevo PRI”, con las fatales consecuencias muy evidentes hoy día.

Como todo político que se precie de serlo, los panistas le dieron la espalda a quienes propiciaron su llegada al poder: damnificados del 22 de abril, al escamotearles sus indemnizaciones; tianguistas, taxistas, pequeños comerciantes, vecinos de colonias populares a quienes les dieron atole con el dedo durante tres sexenios, solo para que surgiera una camada de nuevos millonarios gracias a la política en Jalisco.

La del estribo con un changuirongo.

Quizá el ingeniero Enrique Dau Flores, acepte las disculpas públicas de  Ignacio (a) “el agujerito”, Inmorales Lechuga, porque se ha distinguido por ser una persona íntegra.

¿Y el agravio a Guadalajara? ¿A los 240 y tantos fallecidos por causa de PEMEX? ¿A los damnificados que panistas y priistas tratan con la punta del zapato?

Los delitos provocados por el estallido no prescriben, son de lesa humanidad. Carlos Salinas de Gortari, Carlos Rojas (a la sazón director general de PEMEX)  el propio Ignacio Inmorales Lechuga deberían ser llevados ante los triburrales por su responsabilidad evidente en esta tragedia.

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