CALIGRÁFICO MORDAZ

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Caligráfico Mordaz

Por: Víctor Galindo

La modernidad ha llegado a la segunda capital de la república mexicana, Guadalajara; aquella ciudad provinciana con matices románticos que inspiró a compositores, poetas y orgullosos amantes del lugar que los vio nacer, va quedando “borrada” de la realidad por los avances de la modernidad.

Una modernidad empecinada en cambiar por completo la imagen y originalidad de una ciudad que, desde su asentamiento en el valle de Atemajac, recibió calidamente a personas provenientes de diversas latitudes, con ideas ajenas y con objetivos particulares.

Ahora, la moderna Guadalajara, la antigua perla de occidente, la ex ciudad de las rosas; se ha convertido en víctima de esas ideas, cautiva de los objetivos particulares de algunos que llegaron para avecindarse y que ahora son los victimarios de una utopía.

Misma que formaba parte de la misma cultura popular de los tapatíos, del olor a tierra mojada, de la hospitalidad de sus habitantes, de su singular gastronomía, sus tortas ahogadas, su tejuino, sus buñuelos, las varitas de manzana con caramelo o el turrón con limón; y que decir de aquellas serenatas, el mariachi, el ambiente de una atmósfera con olor a tranquilidad y armonía.

Esa época en donde los habitantes de la segunda capital de importancia a nivel nacional no se preocupaba por situaciones “extrañas” como el que olvidaran las puertas de sus casas abiertas, o los vidrios de sus carros abajo, o las llaves colocadas en las chapas, cuando había tranquilidad y respeto.

Todo lo que, la modernidad le ha arrebatado, en pleno siglo XXI, Guadalajara es un lugar con altos índices de inseguridad, con niveles de vagancia y promiscuidad que no se imaginaban; una ciudad en donde las condiciones de desigualdad social son cada vez más marcadas.

Y en este contexto, son las propias políticas que al ser aplicadas de manera corrupta, degenera en practicas desleales, elitistas, tendenciosas; con las que los mismos gobernantes buscan seguir sacando los beneficios que les garanticen continuar parasitando en la sociedad.

Hoy la modernidad de Guadalajara, tiene otra filosofía, la del mercantilismo, donde los mercenarios enquistados en el gobierno y en complicidad con pseudo “empresarios”, acuerdan la manera en que juntos, obtendrán mayores dividendos, auspiciados en el margen de la legalidad.

Despojando y dilapidando los recursos que no les pertenecen a los administradores de los gobiernos en sus diferentes niveles, (terrenos, dineros, mobiliarios y todo lo que se les permita).

Con la llegada de una modernidad más agresiva, Guadalajara y sus habitantes, experimentarán prácticas irracionales e ilógicas, donde el estado de indefensión se volverá una constante, ante los excesos que las autoridades cometerán, de manera sistemática, bajo los ordenamientos de quienes adquirieron compromisos con los gobernantes en turno.

Los cambios en la fisonomía de una ciudad urbanizada, mutilada desde los años 50´s del siglo pasado, cuando Don Jesús González Gallo dio el banderazo de aceptación para que la modernidad  cruzara a bordo de los vehículos por las avenidas Alcalde y 16 de Septiembre; curiosamente, las mismas calles que ahora cerraran sus carriles para dar paso subterráneo a otra forma de movilidad.

Y lo que conllevará, repercutiendo directamente en otros factores a los tapatíos que tienen algún recuerdo de la Guadalajara que poco a poco se va perdiendo, entre altas torres, montones de escombros generados por las obras, contaminación y la ineptitud de voraces, apátridas, y sinvergüenzas gobernantes.

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